Política

Más allá de las cuotas: por qué la paridad política en América Latina requiere más que leyes

La paridad política en América Latina avanza de forma desigual pese a leyes de cuotas: su efectividad depende del diseño, implementación y voluntad política, no solo del texto legal.

Carmen Rodríguez

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

domingo, 11 de octubre de 20263 min de lectura
Más allá de las cuotas: por qué la paridad política en América Latina requiere más que leyes
Más allá de las cuotas: por qué la paridad política en América Latina requiere más que leyes

La paridad de género en la política latinoamericana avanza de forma desigual, pese a más de veinte años de legislación enfocada en cuotas y mecanismos de inclusión. Mientras países como Bolivia y México superan o rondan el 50% de representación femenina en sus congresos, otros como Brasil, Guatemala y Panamá permanecen muy por debajo, incluso con marcos legales aparentemente similares.

La explicación no radica únicamente en la existencia de leyes, sino en cómo se diseñan e implementan. Un análisis basado en el índice IFREG, que descompone los regímenes electorales de género en variables medibles, revela que muchas reformas caen en una "trampa de la similitud": aparecen iguales en el texto legal, pero difieren sustancialmente en su aplicación práctica.

Factores como el mandato de posición, las sanciones por incumplimiento y el alcance de la fórmula electoral son determinantes. México, por ejemplo, exige que las mujeres ocupen lugares alternativos y no solo finales en las listas, y sanciona el incumplimiento con el rechazo de registros. En contraste, otros países que establecen un 50% sin especificar ubicación permiten que las candidatas femeninas sean relegadas a posiciones sin posibilidades reales de elección.

La inestabilidad normativa también afecta los resultados. Casos como Ecuador y Perú, que han modificado su legislación electoral de género varias veces en poco más de una década, demuestran que la hiperactividad reformista sin evaluación ni implementación sólida puede generar confusión, desconfianza y un efecto contraproducente, especialmente cuando persisten reglas informales como acuerdos partidarios o manejo discrecional de listas.

El papel del Estado debe trascender la neutralidad formal. Tratar a hombres y mujeres por igual en un contexto de desigualdad estructural perpetúa la desventaja femenina. Por ello, se requieren medidas afirmativas y una justicia electoral proactiva que interprete el espíritu de la norma, no solo su letra.

Un ejemplo clave es la actuación del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en México, que ha sancionado prácticas como la "paridad en fraude a la ley", donde se postula a mujeres en distritos históricamente perdedores para el partido, vaciando de contenido el objetivo de la paridad pese a cumplir formalmente con la norma.

Finalmente, la cantidad de mujeres electas no garantiza transformación política. La hipótesis de la "masa crítica" no se sustenta empíricamente: lo decisivo es la presencia de actores críticos con capacidad real de incidencia, como legisladoras dispuestas a usar su cargo para impulsar agendas de género, negociar y litigar, incluso siendo minoría.

El avance relativo de México y Bolivia no se explica solo por sus leyes, sino por la existencia de una "coalición amigable al género" que articula autoridades electorales, academia, organizaciones de la sociedad civil y otros actores comprometidos con la igualdad sustancial.

Compartir artículo

Carmen Rodríguez
Sobre el autor

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

Periodista con más de 15 años de experiencia en medios dominicanos. Especializada en política y asuntos gubernamentales. Graduada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Más allá de las cuotas: por qué la paridad política en América Latina requiere más que leyes | Noticias Daily