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Los ríos dominicanos enfrentan crisis ambiental por deforestación y contaminación

Los ríos más importantes de la República Dominicana enfrentan una crisis ambiental por deforestación, contaminación y extracción ilegal de materiales, amenazando la seguridad hídrica y alimentaria del país.

Lucía Fernández

Lucía Fernández

Editora de Cultura

domingo, 27 de septiembre de 20263 min de lectura
Los ríos dominicanos enfrentan crisis ambiental por deforestación y contaminación
Los ríos dominicanos enfrentan crisis ambiental por deforestación y contaminación

La República Dominicana posee una densa red hidrográfica que nace en su sistema montañoso central y abastece de agua dulce al consumo humano, la agricultura y la generación de energía. Entre los ríos más importantes destacan el Yaque del Norte, el más largo del país y arteria vital para el desarrollo agrícola de la Línea Noroeste; el Yaque del Sur, fundamental para el riego en la región sur profunda; el Yuna, que drena el fértil Valle del Cibao hacia la Bahía de Samaná; y el Ozama, que atraviesa la capital y tiene un profundo significado histórico y comercial.

Sur Futuro y el Servicio Geológico Francés han iniciado un estudio de aguas subterráneas en la cuenca del Yaque del Sur, con el objetivo de evaluar su estado y potencial para uso sostenible.

Principales amenazas a los ríos dominicanos

La deforestación masiva en las zonas altas de las cordilleras, provocada por la agricultura migratoria, la quema de carbón y la ganadería extensiva, ha reducido drásticamente la capacidad de infiltración y recarga de los acuíferos. Esto ha provocado una disminución alarmante del caudal histórico de los principales ríos durante las épocas de sequía.

La contaminación urbana e industrial constituye otra amenaza grave, especialmente en las cuencas que atraviesan grandes concentraciones demográficas. Ríos como el Ozama y el Isabela reciben diariamente millones de galones de aguas residuales sin tratamiento, además de toneladas de residuos sólidos, plásticos y desechos tóxicos arrojados por comunidades sin servicios básicos de recolección de basura. Esta carga ha convertido tramos enteros de estos ríos en zonas ecológicamente muertas.

La extracción ilegal e indiscriminada de agregados para la construcción —como arena, grava y piedras— directamente desde los lechos fluviales altera la morfología natural de los cauces, destruye hábitats de fauna acuática, provoca erosión severa de las riberas y aumenta el riesgo de inundaciones catastróficas durante tormentas y huracanes.

Consecuencias y llamado a la acción

El deterioro ambiental sistémico impacta directamente en la seguridad hídrica y alimentaria de la nación, amenazando el abastecimiento de acueductos urbanos y la productividad de los principales distritos de riego agrícola. Especialistas ambientales advierten que, sin medidas drásticas, el país se dirige hacia un escenario de estrés hídrico crónico.

Para proteger los ríos dominicanos, se requiere una intervención estatal enérgica que incluya la aplicación estricta del marco legal ambiental, el cese de la extracción minera fluvial y la construcción masiva de plantas de tratamiento de aguas residuales en todo el territorio nacional. Asimismo, es imperativo fomentar la educación ambiental ciudadana para concientizar sobre el valor estratégico de cada gota de agua dulce. Salvar los afluentes del país es una condición indispensable para garantizar la viabilidad ecológica y económica de las futuras generaciones dominicanas.

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Lucía Fernández
Sobre el autor

Lucía Fernández

Editora de Cultura

Crítica cultural y escritora. Especializada en arte, música y entretenimiento dominicano. Columnista con 10 años en medios nacionales.

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