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Los dulces artesanales de Baní: memoria afrodominicana y resistencia cultural

Los dulces artesanales de Baní son un archivo comestible de la memoria afrodominicana, tejido por mujeres que transformaron el azúcar de la esclavitud en símbolos de resistencia y identidad cultural.

Francisco Herrera

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

domingo, 9 de agosto de 20263 min de lectura

Los dulces artesanales de Baní, elaborados por mujeres afrodescendientes, representan mucho más que una tradición gastronómica: son un archivo comestible de la memoria colectiva y la resistencia cultural en el sur de la República Dominicana. Esta conclusión surge de una investigación etnográfica iniciada en 2020 en el marco de estudios de Antropología de la Alimentación, que documentó el significado profundo de estos alimentos en comunidades como Los Jovitos, La Vereda y El Limonar.

Durante las celebraciones de la Sarandunga de San Juan Bautista, la investigadora observó cómo un conconete tibio, salido directamente de un horno artesanal de piedras, se convirtió en un punto de partida para comprender la dimensión simbólica de estos productos. Lejos de ser simples 'dulces de horno', estos alimentos funcionan como dispositivos vivos de la memoria colectiva, transmitidos durante siglos por generaciones de mujeres que han preservado saberes vinculados al enclave azucarero, el cimarronaje y las dinámicas de resistencia alimentaria.

Desde la perspectiva de la antropología de la alimentación, los alimentos trascienden su dimensión biológica para constituirse en sistemas de significados, articulaciones sociales y marcadores de identidad. En este marco, las producciones artesanales de Baní trascienden lo doméstico para insertarse en una arquitectura ritual donde la comida acompaña velas, rezos funerarios, promesas religiosas, fiestas patronales y prácticas de hospitalidad comunitaria.

Cada dulce —conconete, roqueta de guáyiga, pan de batata— elaborado en hornos rústicos opera como un archivo comestible de la impronta africana en el sur dominicano. Al extender el análisis a otras geografías afroatlánticas, se descubre que estos saberes no son un aislamiento local, sino parte de una matriz alimentaria pan-caribeña y latinoamericana sustentada en saberes afrodiaspóricos que reconfiguraron ingredientes coloniales en símbolos de soberanía y supervivencia cultural.

La comprensión de este patrimonio requiere abordar la historia de la caña de azúcar, cuyo impacto transformó radicalmente las geografías, economías y dinámicas corporales del Caribe desde su introducción en el siglo XVI. Como argumentó Sidney Mintz en Sweetness and Power, el azúcar fue el eje organizador de un régimen de explotación que moldeó las relaciones de poder coloniales. Sin embargo, las poblaciones africanas y sus descendientes apropiaron esta materia prima para subvertir su carga simbólica, convirtiendo el insumo del cautiverio en una despensa de resistencia y afirmación comunitaria.

En el territorio banilejo, ingredientes como el melao de caña, la melaza, el coco, la batata, el maní, el ajonjolí, la yuca y la guáyiga se articulan en un repertorio dulce que responde no a las exigencias del mercado agroexportador, sino a la necesidad de sostener la vida, festejar la existencia y consolidar la cohesión social. Un dato revelador es que muchas maestras dulceras provienen históricamente de la zona montañosa contigua a San José de Ocoa, geografía vinculada directamente a los antiguos manieles y la territorialidad del cimarronaje.

Según el sociólogo Dagoberto Tejeda Ortiz, los históricamente denominados 'dulces de negros' representan una compleja matriz afro preservada mediante una refinada especialización técnica femenina. Esto revela una paradoja histórica: el mismo azúcar vinculado estructuralmente al trauma de la esclavitud fue transformado por la agencia popular en materia prima para una gastronomía de libertad, basada en la transmisión intergeneracional de saberes empíricos que no quedaron asentados en manuales ni recetarios formales.

La cocina operó históricamente como un espacio protegido de soberanía intelectual, donde las mujeres afrodescendientes mantuvieron viva una herencia cultural profundamente ligada a la identidad, la resistencia y la memoria afrodominicana.

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Francisco Herrera
Sobre el autor

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

Periodista investigativo con enfoque en transparencia gubernamental y casos de corrupción. Premio Nacional de Periodismo 2022.

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