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La presión por viajar productivo convierte el descanso en culpa

Un estudio de MyIQ revela que el 69 % de los viajeros siente presión para que cada día cuente, lo que lleva a regresar más cansado y a sentir culpa por descansar.

Miguel Ángel Pérez

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

martes, 25 de agosto de 20263 min de lectura
La presión por viajar productivo convierte el descanso en culpa
La presión por viajar productivo convierte el descanso en culpa

La presión por aprovechar cada momento de un viaje puede llevar a que las personas regresen más cansadas de lo que partieron, según revela una encuesta realizada por MyIQ a 13.684 adultos de Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Australia y América Latina. El estudio muestra que el 69 % siente presión para que cada día de viaje “cuente”, incluso cuando eso implica sacrificar el descanso.

La planificación comienza a generar estrés antes de partir: el 63 % dedica más tiempo a organizar el viaje que a decidir realmente adónde quiere ir. Una vez en el destino, el 57 % siente culpa al pasar una tarde sin hacer nada, y casi la mitad, el 48 %, reconoce haber necesitado otro descanso al regresar a casa.

Esta mentalidad productiva influye directamente en las decisiones durante el viaje. El 42 % de los participantes cambió sus planes por temor a quedarse demasiado tiempo en un mismo lugar, mientras que el 38 % realizó actividades que no le interesaban solo porque sentía que debía vivir esa experiencia. Estos datos reflejan cómo las preferencias personales pueden ser desplazadas por expectativas externas sobre qué significa “aprovechar bien” un destino.

Sarah Meyer, directora general de MyIQ, advierte que esta tendencia refleja cómo la cultura de la productividad ha trascendido el entorno laboral. “La cultura de la productividad ya no termina cuando finaliza la jornada laboral”, afirma Meyer, quien señala que esta mentalidad puede hacer que descansar genere culpa y que completar un itinerario funcione como prueba de que el viaje valió la pena.

El estudio aclara que no se trata de rechazar los viajes activos o las agendas completas. Un itinerario con muchas actividades puede ser satisfactorio si responde a los intereses del viajero. El problema surge cuando hacer más deja de ser una elección y se convierte en una obligación. Encontrar un equilibrio entre conocer el destino y disponer de tiempo para disfrutarlo es clave para evitar que el viaje se convierta en otra carrera contra el reloj.

Entre las recomendaciones para reducir esta presión, se sugiere no planificar cada hora del día, dejando espacios libres para descansar, improvisar o permanecer más tiempo en un lugar sin sentir que se incumple el itinerario. También es importante priorizar las experiencias que realmente interesan, aceptar el descanso como parte del viaje y mantener cierta flexibilidad para cambiar planes según el cansancio, el clima o nuevas oportunidades.

Reducir las comparaciones con los viajes que otros muestran en redes sociales puede disminuir la presión por reproducir recorridos o experiencias ajenos. Además, dejar un pequeño margen entre el regreso y la reincorporación a las obligaciones habituales ayuda a evitar pasar directamente del viaje a la rutina, permitiendo una transición más suave.

En definitiva, la investigación invita a reflexionar sobre cómo se mide actualmente una buena experiencia de viaje. Conocer más lugares y completar más actividades no necesariamente significa disfrutar más. A veces, permanecer un poco más en un sitio, cambiar el itinerario o simplemente detenerse puede convertirse en una de las mejores partes del recorrido.

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Miguel Ángel Pérez
Sobre el autor

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.

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