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La caoba reduce hasta 5.5°C la temperatura radiante en Santo Domingo, según estudio

Estudio de la UNPHU y la UPC demuestra que la caoba reduce hasta 5.5°C la temperatura radiante en Santo Domingo, superando ampliamente a la palmera real en eficacia térmica.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

sábado, 22 de agosto de 20264 min de lectura
La caoba reduce hasta 5.5°C la temperatura radiante en Santo Domingo, según estudio
La caoba reduce hasta 5.5°C la temperatura radiante en Santo Domingo, según estudio

Un estudio científico realizado por investigadores de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) ha demostrado que la caoba (Swietenia mahagoni) es significativamente más eficaz que la palmera real (Roystonea regia) para reducir la temperatura radiante en entornos urbanos, un factor clave para el confort térmico de los peatones en Santo Domingo.

La investigación, liderada por la doctora Gilkauris Rojas-Cortorreal y el arquitecto Julio Peña de la UNPHU, junto al doctor Jaume Roset de la UPC, midió por primera vez en la capital dominicana el impacto real del arbolado urbano sobre la temperatura que siente el cuerpo humano al caminar por la calle, utilizando como laboratorio natural la avenida Winston Churchill.

Los resultados muestran diferencias contundentes en la capacidad de sombreado y reducción de calor entre ambas especies. La caoba alcanzó un 70 % de frondosidad, frente al 53 % de la palmera real. En invierno, la caoba redujo la temperatura radiante hasta 5,5 °C, mientras que la palmera solo logró una disminución de 1,5 °C. En verano, las reducciones oscilaron entre 2 y 6 °C para la caoba y entre 2 y 3 °C para la palmera.

Esta diferencia se debe principalmente a la geometría de la copa. La palmera real crece predominantemente hacia arriba, con una copa estrecha y follaje escaso, lo que limita su capacidad para proyectar sombra sobre aceras y calzadas. En cambio, la caoba desarrolla una copa amplia y densa que actúa como un techo vegetal, interceptando la radiación solar directa y reduciendo el calor que las superficies urbanas (asfalto, hormigón, fachadas) devuelven al ambiente y al cuerpo humano.

"La arborización urbana debe entenderse como parte de la infraestructura climática de la ciudad", afirmó la doctora Rojas-Cortorreal. "La especie elegida, la amplitud de su copa y la forma en que se conserva determinan cuánto puede proteger al peatón y reducir el calentamiento de las superficies".

El estudio también identificó la poda inadecuada como uno de los factores más dañinos para el rendimiento térmico del arbolado urbano. En Santo Domingo, es común realizar cortes agresivos para proteger el tendido eléctrico o por razones estéticas, lo que reduce drásticamente la densidad del follaje y, con ello, la capacidad de generar sombra efectiva. Un árbol mal podado puede mantener el porte de un adulto pero tener el rendimiento térmico de un arbusto.

Además, Santo Domingo presenta varias condiciones que agravan el efecto isla de calor urbano: extensas superficies de asfalto y hormigón que acumulan y liberan calor, suelos impermeabilizados que impiden la evapotranspiración y una planificación urbana históricamente orientada al automóvil, no al peatón. Esto hace que la ciudad sea cada vez más hostil para quienes la recorren a pie, especialmente en un contexto de cambio climático con temporadas de calor más intensas y prolongadas en el Caribe.

Como respuesta, los investigadores recomiendan:

  • Priorizar especies de copa ancha y follaje denso en los planes de arborización de espacios públicos.
  • Establecer protocolos técnicos de poda que preserven la estructura y la frondosidad de los árboles.
  • Integrar el arbolado como infraestructura climática en los instrumentos de planificación urbana, no como elemento decorativo.
  • Considerar la morfología urbana (orientación de calles, altura de edificios, ancho de aceras) al seleccionar y ubicar especies.

El estudio, publicado en la revista científica Entrópico y financiado por el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) a través de su programa de becas de maestría y doctorado, se suma al creciente cuerpo de evidencia global que reconoce al arbolado urbano como una herramienta clave para la adaptación al cambio climático, al igual que iniciativas en ciudades como Medellín, Singapur y Barcelona.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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