José Mármol: La voz pensante que transformó la poesía dominicana
José Mármol transformó la poesía dominicana con su unión de pensamiento y sensibilidad, según el análisis de Basilio Belliard en 'El arúspice y el alquimista'.
Roberto Martínez
Editor de Tecnología

José Mármol es reconocido como una figura central de la Generación Poética de los Ochenta y uno de los escritores que introdujo una verdadera ruptura en la tradición literaria dominicana, según el ensayista Basilio Belliard en su obra El arúspice y el alquimista, una recopilación de ensayos críticos que combina análisis literario, testimonio de amistad intelectual y acto de justicia literaria.
Belliard, quien mantuvo más de tres décadas de cercanía con Mármol, destaca la coherencia entre la conducta del poeta, su formación humanística y su vocación literaria asumida con seriedad, descrita por el crítico como una “fe espartana”. Esta relación cercana, lejos de restar objetividad, permite a Belliard valorar desde un conocimiento profundo la disciplina, la honestidad intelectual, la pasión lectora, la constancia, el rigor investigativo y la ética profesional de Mármol.
Desde la publicación de El ojo del arúspice en 1984, la poesía de Mármol se distanció de los modelos predominantemente sociales, políticos y testimoniales de las décadas anteriores para enfocarse en el lenguaje, el ser, la otredad, Dios, la muerte, el amor y el misterio de la existencia. Su participación en la fundación del Taller Literario César Vallejo y su defensa de la denominada “poética del pensar” contribuyeron a renovar la concepción del poema en el país.
Más allá de pertenecer a una generación, Mármol se consolidó como uno de sus principales teóricos, orientadores y renovadores. Su obra se convirtió en referencia y abrió nuevos horizontes para quienes buscaban una poesía más reflexiva, crítica y consciente de sus recursos expresivos. Belliard pondera especialmente la unión entre poesía y filosofía en la escritura marmoliana, donde pensamiento e imagen, inteligencia e intuición, logos y sensibilidad se complementan para producir lo que denomina una “razón sensible”.
El poeta actúa como arúspice al contemplar y descifrar los signos del mundo, y como alquimista al transformar experiencias, recuerdos e ideas en sustancias verbales cargadas de belleza y misterio. Su conocimiento de la filosofía, la lingüística y la tradición literaria occidental le permite elaborar una poesía profunda sin caer en el discurso teórico puro, generando una riqueza simbólica, construcciones aforísticas, libertad sintáctica y una particular forma de interrogar la realidad mediante la palabra poética.
Belliard también señala la capacidad de Mármol para renovar su propio proyecto creador: la densidad conceptual y los rasgos postbarrocos de sus primeras obras dieron paso a una poesía más transparente, cotidiana, autobiográfica y sensorial. En libros como Criaturas del aire, Torrente sanguíneo, Lenguaje de mar y Yo, la isla dividida, el paisaje, los viajes, la vida familiar, la infancia, la provincia, la ciudad, el mar, el río y los objetos sencillos se convierten en materia estética.
Esta evolución revela una conciencia autocrítica que le permitió alejarse de sus propias fórmulas para alcanzar mayor claridad sin perder profundidad. Su poesía se transforma en una cartografía espiritual donde dialogan el Caribe y Europa, la memoria y el presente, la insularidad y la universalidad, lo íntimo y lo colectivo, proyectando la experiencia dominicana hacia una dimensión humana reconocible en cualquier cultura.
Entre los temas recurrentes en su obra, Belliard destaca el amor, el erotismo, la mujer, la naturaleza, la soledad y la muerte. En la visión de Mármol, la mujer no representa la perdición, sino la belleza, la alteridad, la comunión y la posibilidad de vencer simbólicamente el vacío. El erotismo posee una dimensión espiritual: prolonga la voluntad de vivir y se opone al temor de la muerte. El mar funciona como imagen de la inmensidad, la profundidad y el devenir, mientras la memoria rescata la infancia y combate el olvido.
Esta riqueza temática se sustenta en una notable versatilidad sintáctica, una depurada construcción del verso y un lenguaje capaz de equilibrar sencillez y hondura, transparencia y sombra. Su obra ensayística, crítica y aforística amplía esta vocación, manifestando la lucidez del pensador, el rigor del investigador y la responsabilidad ética de un intelectual que entiende la lectura y la escritura como actos fundamentales de la vida cultural.
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Roberto Martínez
Editor de Tecnología
Ingeniero en sistemas y periodista tecnológico. Fundador de varios blogs de tecnología. Analiza las tendencias digitales que impactan a la República Dominicana.
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