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Incendios forestales en Europa alcanzan niveles sin precedentes y superan modelos predictivos

Incendios en Francia y España superan modelos predictivos, generan tormentas de fuego y ponen en riesgo a 250.000 personas, advierten científicos.

José Luis Cabrera

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

miércoles, 29 de julio de 20264 min de lectura

Los incendios forestales que afectan a Francia y España han alcanzado un punto de inflexión, según advierten científicos y servicios de monitoreo europeos. En el suroeste de Francia, un solo incendio ha arrasado un área equivalente a cuatro veces la superficie de París, mientras que casi 250.000 personas, entre residentes y turistas, han sido evacuadas de la región de Gironda, con las llamas acercándose peligrosamente a Burdeos.

En España, los focos de incendio se han desplazado progresivamente hacia la periferia de Madrid, convirtiendo destinos turísticos tradicionalmente tranquilos en zonas de alto riesgo. Hasta el martes, las llamas mostraban signos de contención, pero las autoridades temen que la inminente ola de calor reactive focos aún activos, avivando brasas que permanecen bajo la superficie.

Según el Servicio de Monitoreo de la Unión Europea, gran parte del continente se encuentra en riesgo elevado de incendios forestales, pues Europa es la región que se calienta a un ritmo más acelerado a nivel global. Los expertos señalan que la combinación de sequías prolongadas, olas de calor intensas y cambios en el uso del suelo ha llevado a que los combustibles vegetales y las condiciones atmosféricas crucen umbrales críticos que los modelos históricos no estaban diseñados para representar, debido a su rara ocurrencia en el pasado.

Kerryn Little, investigadora en pirogeografía de la Universidad de Birmingham y coautora de un estudio publicado en la Royal Society, advierte que «estamos viendo que el fuego hace cosas que no esperábamos, en lugares que no esperábamos, y nuestros marcos teóricos tienen dificultades para mantenerse al día»». El estudio sugiere que se ha superado un «punto de inflexión climático-forestal», fuera del alcance de las herramientas predictivas actuales.

Los incendios forestales, definidos como incendios de vegetación fuera de control que requieren respuesta de emergencia, se clasifican como megaincendios cuando superan las 10.000 hectáreas (25.000 acres) en estándares internacionales, aunque en EE. UU. el umbral es de 100.000 acres (40.000 hectáreas). Aunque muchos inician por acción humana —como cigarrillos descartados o actos intencionales—, su magnitud se ha visto amplificada por el fenómeno conocido como «latigazo climático»: inviernos y primaveras excesivamente húmedos favorecen el crecimiento vegetal, que luego se seca rápidamente durante veranos extremadamente calurosos, convirtiéndose en combustible altamente inflamable.

En Francia, algunos incendios han generado su propio sistema meteorológico violento, produciendo tormentas pirocumulonimbus —nubes formadas por columnas ascendentes de humo, ceniza y vapor de agua que generan vientos fuertes, relámpagos y condiciones extremadamente peligrosas para los equipos de combate». Aunque observadas previamente en Australia, EE. UU. y Canadá, estos fenómenos son raros en Europa, lo que indica un cambio en el comportamiento del fuego en el continente.

Según Little, la inflamabilidad de la vegetación responde a una relación no lineal que ya ha superado puntos de inflexión debido a sequías excepcionales y olas de calor repetidas. Esto explica comportamientos extremos como la propagación nocturna acelerada —favorecida por baja humedad nocturna— y la generación de sistemas meteorológicos autónomos por parte del fuego.

El estudio de la Royal Society identifica tres áreas que requieren atención urgente: comprender mejor cómo se inician, se propagan y causan daño los incendios —especialmente en zonas de interfaz urbano-forestal—; aumentar la resiliencia de comunidades y ecosistemas; y mejorar la medición del impacto de los incendios en la atmósfera y el clima. Entre las estrategias preventivas, se destaca la gestión del combustible, es decir, la eliminación estratégica de vegetación en zonas críticas, como una medida eficaz para reducir el riesgo de desastres.

No obstante, los expertos advierten que el humo tóxico generado por estos incendios representa un riesgo para la salud pública aún poco comprendido en los modelos actuales. Este humo contiene contaminantes como ozono, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas finas capaces de penetrar profundamente en el sistema respiratorio, lo que añade una dimensión sanitaria compleja a la crisis.

Con las temporadas de incendios cada vez más largas y la superficie afectada en aumento, científicos, gobiernos y equipos de emergencia están siendo obligados a replantear su relación con el fuego. La adaptación de los enfoques científicos a estos nuevos extremos es en curso, pero el consenso es claro: sin acciones coordinadas de mitigación, prevención y adaptación, el riesgo de incendios forestales extremos seguirá creciendo en un clima en transformación.

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Sobre el autor

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

Periodista con experiencia en coberturas internacionales. Ex corresponsal en Washington D.C. y Nueva York para medios latinoamericanos.

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