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Haití y República Dominicana: el sueño compartido de un Mundial que aún no llegó

España ganó el Mundial con un gol construido por hijos de migrantes. Haití regresó tras 52 años, pero no se dio el enfrentamiento soñado con República Dominicana en la isla.

Isabella Santos

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

martes, 21 de julio de 20263 min de lectura

España se consagró campeona del mundo tras vencer a Argentina en la final, con un gol que simbolizó la diversidad del fútbol moderno: iniciado por Lamine Yamal, hijo de padres marroquí y ecuatoguineano, continuado por Nico Williams, de origen ghanés, y finalizado por Ferran Torres. Esta jugada no solo definió el título, sino que se convirtió en una representación poderosa del impacto de la migración en el deporte de élite.

La presencia de Haití en la Copa del Mundo, 52 años después de su única participación en Alemania 1974, fue celebrada como un hito emocional para su pueblo. La selección haitiana, integrada en su mayoría por jugadores nacidos en el extranjero y formados en Europa, Canadá y Estados Unidos, contó con el respaldo masivo de su diáspora. Ver la bandera haitiana ondear y escuchar su himno en los estadios fue descrito como un momento de dignidad y renovación para una nación que ha enfrentado históricas adversidades.

Sin embargo, el camino no fue fácil. Haiti quedó encuadrado en un grupo difícil con Escocia, Brasil y Marruecos, equipos que no dejaron margen de error. A pesar de las eliminaciones tempranas, su participación fue considerada digna y significativa, especialmente por el valor simbólico de representar a una nación cuya historia incluye la Batalla de Vertières, el enfrentamiento definitivo contra las tropas napoleónicas que precedió a la independencia de 1804 y la abolición de la esclavitud.

La FIFA generó controversia al exigir un cambio en el diseño de la camiseta haitiana, que hacía referencia a dicha batalla. Esta decisión, lejos de silenciar el mensaje, tuvo el efecto contrario: medios internacionales explicaron al mundo el significado histórico de Vertières, ampliando el alcance educativo del símbolo.

En contraste, otros gestos políticos en el torneo no recibieron la misma scrutiny. Tras eliminar a Inglaterra en semifinales, jugadores argentinos desplegaron una pancarta reclamando la soberanía sobre las Islas Malvinas, una acción que no fue sancionada por la FIFA. Asimismo, el presidente de Estados Unidos intervino directamente para solicitar la revisión de una tarjeta roja a Folarin Balogun, delantero estadounidense de origen nigeriano.

Estos episodios pusieron en evidencia las dobles estándares en la aplicación de las normas frente a expresiones de identidad nacional o política. Mientras algunos mensajes fueron tolerados o incluso impulsados por autoridades, otros, como el homenaje haitiano a su lucha por la libertad, fueron objeto de restricción.

En el ámbito regional, el autor lamenta que no se haya dado el encuentro entre Haití y República Dominicana en una fase final del Mundial, un escenario que habría permitido mostrar al mundo la posibilidad de convivencia pacífica en la isla de La Española. Aunque no ocurrió esta vez, señala que el entusiasmo por el torneo creció en territorio dominicano, impulsado también por figuras como Rubén Vargas, suizo de origen dominicano, cuyo desempeño generó orgullo en la diáspora.

La posibilidad de un futuro enfrentamiento entre ambas selecciones dependerá de los sorteos en las eliminatorias de la Concacaf, pero el autor destaca que los lazos humanos y deportivos ya existen: históricos intercambios de jugadores, presencia de técnicos haitianos en la liga dominicana y una creciente integración en el ámbito deportivo.

Finalmente, refleja sobre la naturaleza transnacional del fútbol moderno, citando que el entrenador argentino vive en España con familia española, mientras que el técnico español fue su mentor en un curso de formación. Estos cruces, argumenta, demuestran que el deporte trasciende fronteras no solo en el campo, sino también en las vidas personales de quienes lo lideran.

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Sobre el autor

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

Apasionada del deporte dominicano. Cubre béisbol de Grandes Ligas, baloncesto y eventos deportivos nacionales. Comunicadora social de PUCMM.

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