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Fiestas patronales pierden esencia religiosa ante el auge del alcohol y desorden

Expertos advierten que las fiestas patronales en RD han perdido su esencia religiosa, transformándose en eventos dominados por alcohol y desorden, con llamados a una intervención cultural gubernamental.

Lucía Fernández

Lucía Fernández

Editora de Cultura

domingo, 11 de enero de 20263 min de lectura
Fiestas patronales pierden esencia religiosa ante el auge del alcohol y desorden
Fiestas patronales pierden esencia religiosa ante el auge del alcohol y desorden

Las fiestas patronales en República Dominicana han experimentado una transformación radical, pasando de ser celebraciones de carácter religioso a eventos dominados por conciertos masivos, consumo de alcohol y situaciones de desorden público. Expertos culturales advierten sobre la pérdida de la esencia tradicional y reclaman una intervención gubernamental para preservar su significado original.

De la devoción al descontrol

El evento trágico que conmocionó al país ocurrió en la madrugada del 1 de septiembre de 2024 en Las Yayas, provincia de Azua. Un camión cargado de aguacates embistió a jóvenes que celebraban en la carretera Sánchez, dejando una decena de fallecidos y 40 heridos. Este suceso extremo ejemplifica los riesgos asociados a la nueva dinámica de estas festividades.

La imagen pública de las patronales se ha visto afectada por la difusión en redes sociales y medios de conflictos violentos, abuso de espacios públicos y situaciones de descontrol. Roldán Mármol, sociólogo y gestor cultural, lamenta esta evolución: "Ya las fiestas patronales se han convertido simplemente en un espacio para venta y consumo de bebidas alcohólicas".

"Ha habido ausencia de una política cultural. El Ministerio de Cultura debiera acompañar esas celebraciones y asesorarlas. Ha habido falta de una estrategia para que eso no se debilite", afirma Mármol.

Transformación histórica y modelos actuales

Esta transformación se consolidó entre finales de los 80 y principios de los 90, impulsada por innovaciones tecnológicas, cultura urbana y el auge capitalista. Las empresas licoreras identificaron una oportunidad comercial y comenzaron a patrocinar los eventos hasta que sus marcas se convirtieron en la imagen predominante.

Según Pedro Quezada, presidente de la Federación Dominicana de Arte y Cultura (Fedoarcu), actualmente coexisten tres modelos de celebración:

  • Celebraciones que se alejaron completamente del sentido religioso
  • Eventos donde coinciden lo festivo con lo cristiano
  • Algunas que mantienen las viejas tradiciones intactas

La organización de estas actividades involucra múltiples actores: gobernaciones, ayuntamientos, iglesias y empresarios. El calendario típico combina misas solemnes y procesiones con conciertos, rifas, corridas de caballo, concursos de belleza y diversas expresiones artísticas.

Raíces culturales y diversidad regional

Históricamente, las patronales mezclaron manifestaciones religiosas católicas con tradiciones africanas traídas durante la época colonial. Esta síntesis cultural se manifiesta en celebraciones como la de Santa Ana, dedicada en la práctica a Anaisa, donde los santos católicos son celebrados con bailes africanos acompañados de palos y atabales.

Las fiestas más grandes y concurridas incluyen las de La Altagracia y San José de Ocoa (en honor a la Virgen de la Altagracia), Santiago (dedicada a Santiago Apóstol El Mayor), Monte Plata (que venera a San Antonio de Padua) y Barahona (que celebra a la Virgen del Rosario). En total, el número supera los cientos de celebraciones ya que provincias, municipios y distritos municipales suelen tener fiestas propias.

En muchos lugares se ha institucionalizado la separación: las alcaldías organizan las fiestas populares, mientras las iglesias dirigen de manera independiente las conmemoraciones religiosas. Esta división refleja la tensión entre la tradición espiritual y la evolución hacia eventos de carácter principalmente comercial y recreativo.

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Lucía Fernández
Sobre el autor

Lucía Fernández

Editora de Cultura

Crítica cultural y escritora. Especializada en arte, música y entretenimiento dominicano. Columnista con 10 años en medios nacionales.

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