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Falso nacionalismo: cuando el odio se disfraza de patriotismo

El nacionalismo auténtico debe fortalecer la unidad y los derechos humanos, no dividir ni promover el odio bajo disfraz de patriotismo.

José Luis Cabrera

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

jueves, 16 de julio de 20262 min de lectura

El nacionalismo auténtico debe fortalecer la unidad y los derechos humanos, no dividir ni promover el odio. Este principio es fundamental para evaluar los movimientos sociales actuales en República Dominicana, donde ciertos actores se presentan como nacionalistas mientras sus acciones contradicen esos valores.

La vida implica un cambio constante, como señaló el filósofo Heráclito de Éfeso y reflejó la canción de Mercedes Sosa. Sin embargo, no todo cambio representa progreso: debe ser cualitativo y alineado con principios de solidaridad, humanismo y respeto a la dignidad humana. Cuando el cambio involucra discriminación, racismo o apoyo a ideologías extremistas, se vuelve involutivo y dañino para el tejido social.

Se observa una preocupante confusión entre luchas populares legítimas y expresiones de nacionalismo falso. Personas bien intencionadas respaldan a líderes y organizaciones que se autodenominan nacionalistas, pero cuyas acciones se limitan a retórica hostil contra ciertos grupos, particularmente en la frontera con Haití, mientras ignoran o minimizan otras formas reales amenazas soberanas más graves.

La contradicción se hace evidente cuando se examinan los antecedentes de algunos de estos líderes. Algunos han expresado públicamente admiración por Adolf Hitler, promueven el odio y la discriminación como herramientas de lucha, y simultáneamente apoyan al Estado de Israel —una posición ideológicamente insostenible que revela oportunismo más que convicción nacionalista.

Este patrón no es nuevo. Durante recientes controversias, como la asistencia del ministro de Justicia Antoliano Peralta a la Cumbre en Defensa de la Democracia en Barcelona, estos mismos sectores permanecieron en silencio. Tampoco hubo protesta significativa cuando se permitió el uso de suelo dominicano para operaciones vinculadas al secuestro de un presidente extranjero, una clara violación de la soberanía nacional que habría sido una oportunidad legítima para ejercer un nacionalismo basado en la defensa de la independencia.

El verdadero nacionalismo no se mide por discursos inflamados, sino por acciones que protejan la soberanía, promuevan la justicia social y respeten los derechos humanos. Alinearse con corrientes de odio, desprecio e inhumanidad —ya sea desde Tierra del Fuego hasta Norteamérica— debilita las luchas populares y desvía la energía de quienes trabajan por el bienestar colectivo.

Cambiar tácticas en las luchas sociales es válido si acerca a los objetivos estratégicos sin violar principios éticos. Pero cuando esos cambios implican abrazar el racismo, el autoritarismo o la indiferencia frente a agresiones externas reales, no suman: restan. La responsabilidad recae en distinguir entre el patriotismo constructivo y su falsificación peligrosa.

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José Luis Cabrera
Sobre el autor

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

Periodista con experiencia en coberturas internacionales. Ex corresponsal en Washington D.C. y Nueva York para medios latinoamericanos.

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