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El Niño 2026: Cómo afecta a los huracanes del Atlántico y favorece su formación en el Pacífico

El Niño 2026 reduce la actividad de huracanes en el Atlántico por aumento de cizalladura del viento, pero la incrementa en el Pacífico por aguas más cálidas, según la NOAA.

José Luis Cabrera

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

miércoles, 12 de agosto de 20262 min de lectura
El Niño 2026: Cómo afecta a los huracanes del Atlántico y favorece su formación en el Pacífico
El Niño 2026: Cómo afecta a los huracanes del Atlántico y favorece su formación en el Pacífico

El fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) se intensificó a principios de junio de 2026 y está influyendo significativamente en la actividad ciclónica global, según el pronóstico estacional publicado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Este fenómeno altera las condiciones atmosféricas oceánicas de manera diferenciada según la región y la estación del año.

En el océano Atlántico, El Niño generalmente suprime la formación y organización de huracanes importantes debido al aumento de la cizalladura vertical del viento, que dificulta que las tormentas eléctricas se organicen en sistemas tropicales estructurados. Como resultado, la NOAA estima una probabilidad del 55 % de que la temporada de huracanes del Atlántico de 2026 (del 1 de junio al 30 de noviembre) sea inferior a la media, con menor número de tormentas con nombre y huracanes mayores.

En contraste, en las cuencas del Pacífico oriental y central, El Niño tiende a aumentar la actividad de huracanes. Las aguas superficiales más cálidas proporcionan mayor energía térmica, mientras que las condiciones atmosféricas se vuelven más favorables para la formación y intensificación de tormentas tropicales y huracanes.

La influencia de ENSO varía según la latitud y la estación. En el hemisferio norte, sus efectos son más pronunciados durante los meses de invierno, particularmente en regiones como el sur de Estados Unidos. Sin embargo, en las latitudes tropicales, el impacto máximo ocurre durante el verano y el otoño, coincidiendo con el pico de la temporada de huracanes en el Atlántico, entre septiembre y noviembre, cuando la influencia de El Niño se hace más evidente.

Estos patrones reflejan la compleja interacción entre fenómenos climáticos globales y la actividad ciclónica regional, subrayando la importancia de los pronósticos estacionales para la preparación y mitigación de riesgos en zonas vulnerables.

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Sobre el autor

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

Periodista con experiencia en coberturas internacionales. Ex corresponsal en Washington D.C. y Nueva York para medios latinoamericanos.

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