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El legado de Jacques Viau: liderazgo y sacrificio en la defensa de Santo Domingo

Jacques Viau, subcomandante del B-3, demostró liderazgo y sacrificio al priorizar a su comandante pese a estar gravemente herido el 15 de junio de 1965.

Miguel Ángel Pérez

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

martes, 14 de julio de 20263 min de lectura

El 15 de junio de 1965 marcó un momento crítico en la resistencia armada durante el conflicto en Santo Domingo, cuando un mortero impactó las posiciones del comando B-3, hiriendo de gravedad a dos de sus figuras centrales: Pedro Bonilla y Jacques Viau. El ataque, sin previa advertencia, generó caos inmediato, dejando el campo cubierto de polvo, metralla y fragmentos, mientras el humo revelaba una escena de devastación.

Aunque ambos combatientes estaban gravemente heridos y sangrando, fue Jacques Viau quien, apenas consciente, expresó con claridad una directiva que definiría su carácter: «Primero atiendan al comandante… luego a mí». Esta declaración, lejos de ser un gesto heroico, reflejó una profunda convicción de deber y disciplina, valores que Viau había encarnado desde su incorporación al B-3 como subcomandante.

El origen del B-3 responde a una necesidad estructural: sostener una línea defensiva invisible que protegía sectores estratégicos de la ciudad, incluyendo Villa Francisca, San Carlos, San Miguel, Ciudad Nueva, San Lázaro, San Antón y Santa Bárbara. Su ruptura significaría el colapso de la resistencia. Ante esta realidad, Pedro Bonilla, consciente de la fragilidad inicial del comando, decidió priorizar la organización sobre la improvisación, buscando dar forma, disciplina y coordinación a un grupo inicialmente formado por voluntad pura.

Fue en ese contexto que llegó Jacques Viau, no como figura destacada ni invitado, sino como un pensador y organizador con una propuesta clara: integrar a los combatientes haitianos, ordenarlos y convertirlos en una fuerza útil. Aunque su nombramiento como subcomandante encontró resistencia por prejuicios presentes incluso en medio del conflicto, Viau respondió con acción: diseñó un sistema de combate por manzanas, ordenó la construcción de zanjas estratégicas que conectaban posiciones y permitían movimiento seguro, y pensó la defensa como un tablero donde cada acción tenía propósito.

Estas obras, descritas por Bonilla como «venas bajo la tierra», fueron vitales para sostener la resistencia. Cuando el enemigo intensificó su ofensiva, las posiciones del B-3 resistieron gracias a la anticipación de sus líderes, quienes, al sentir el aumento de la tensión, reunieron mandos y reafirmaron la estrategia: resistir, pero resistir juntos.

El 15 de junio, pese a la preparación, el mortero alcanzó a Bonilla y Viau. Ambos fueron evacuados al Hospital Padre Billini y luego trasladados a clínicas. Mientras la guerra continuaba sin ellos, Jacques Viau falleció dos días después, tras la amputación de ambas piernas. Bonilla recibió la noticia con serenidad, consciente de que había perdido no solo a un compañero, sino a un pilar de su esfuerzo organizativo.

El mando del B-3 pasó a otros, y las posiciones siguieron resistiendo, pero la pérdida dejó una huella. Años después, fuera del frente, Bonilla enfrentaría otro tipo de batalla: una negativa a distribuir ropa enviada por fuerzas norteamericanas, no por cuestiones logísticas, sino por principio, lo que generó tensiones e incluso intentos de motín —un episodio que refleja la permanencia de los valores que Viau ayudó a instaurar.

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Miguel Ángel Pérez
Sobre el autor

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.

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