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El freestyle dominicano: de las calles a los escenarios globales gracias a las redes sociales

El freestyle dominicano pasó de las calles a los escenarios globales gracias a cambios sociales, el auge de las redes sociales y el trabajo de artistas como Bulin 47, según el sociólogo Juan Brito.

Francisco Herrera

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

viernes, 9 de octubre de 20262 min de lectura
El freestyle dominicano: de las calles a los escenarios globales gracias a las redes sociales
El freestyle dominicano: de las calles a los escenarios globales gracias a las redes sociales

El freestyle dominicano ha trascendido sus orígenes callejeros para convertirse en un fenómeno cultural con alcance internacional, impulsado por transformaciones sociales, el auge de las plataformas digitales y el trabajo estratégico de artistas urbanos como Bulin 47. Según el sociólogo Juan Brito, este crecimiento no es casual, sino el resultado de cambios profundos en la sociedad dominicana durante las últimas tres décadas, particularmente en los últimos 15 años.

Durante este período, expresiones antes marginadas han ganado legitimidad en la cultura nacional. Lo que antes se asociaba exclusivamente con sectores populares ahora ocupa espacios de reconocimiento amplio, reflejando una sociedad que ha ampliado sus marcos culturales. Como señala Brito: "No es solamente que la calle haya llegado a los grandes escenarios; es que la propia sociedad ha cambiado y ha ampliado los espacios culturales en los que esas expresiones pueden ser reconocidas".

Las redes sociales han actuado como multiplicadores exponenciales del alcance del freestyle. Antes, la difusión masiva dependía de estructuras tradicionales como radio, televisión o sellos discográficos. Hoy, una improvisación puede volverse viral en horas, como demostró el intercambio entre Bulin 47 y el colombiano Kevin Waise, cuyo audio fue utilizado en miles de videos, incluso mediante tendencias con inteligencia artificial. Este fenómeno atrajo a famosos, políticos y usuarios de todo el mundo.

El papel de los artistas urbanos ha sido fundamental en esta transición. Según Brito, estos creadores han construido audiencias propias, desarrollado estilos distintivos y aprendido a usar herramientas digitales para proyectar su trabajo. Sus contenidos no solo generan engagement, sino que atraen colaboraciones, interés de marcas y oportunidades comerciales, integrando el freestyle en la industria musical sin perder necesariamente su espontaneidad.

La conexión con el público joven es otro pilar del éxito. Muchos jóvenes se identifican con los artistas de freestyle porque reflejan sus experiencias, usan un lenguaje cercano y representan sectores históricamente excluidos de los espacios culturales dominantes. Las redes sociales refuerzan este vínculo al permitir que los seguidores conozcan las historias personales de los artistas y se sientan parte de sus comunidades.

Como concluye Brito: "El público no solo consume una música; también encuentra referentes con los que se identifica y una cultura de la que quiere sentirse parte". El freestyle, pues, no es solo un género musical: es un expresión de identidad, resistencia y pertenencia que ha encontrado en lo digital su vehículo para llegar más lejos que nunca.

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Francisco Herrera
Sobre el autor

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

Periodista investigativo con enfoque en transparencia gubernamental y casos de corrupción. Premio Nacional de Periodismo 2022.

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