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El folclore dominicano: identidad viva que exige respeto y estudio profundo

El folclore dominicano es una identidad viva que exige estudio profundo y respeto, no meras caricaturas para turistas, según exintegrante del Ballet Folclórico de la UNPHU.

Isabella Santos

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

jueves, 30 de julio de 20263 min de lectura

El folclore dominicano representa mucho más que expresiones artísticas; constituye una forma de comprender la identidad nacional construida a través de encuentros históricos, migraciones y resistencias. Esta perspectiva fue compartida por un exintegrante del Ballet de Danzas e Investigaciones Folclóricas de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), quien ingresó al grupo en 1987 y representó al país en el Festival Folclórico del Caribe de 1990 en Puerto Rico.

Durante aquellos años, el trabajo del ballet iba más allá del escenario. Antes de cada presentación, integrantes recorrían campos, lomas y bateyes para documentar tradiciones orales, registrar músicas, comparar variantes y comprender el origen de fiestas, toques de tambor, danzas y décimas. Este proceso de investigación previa era esencial, ya que el escenario representaba únicamente la etapa final de un trabajo que comenzaba en las comunidades donde la cultura se vivía como experiencia cotidiana.

La participación en el festival caribeño de 1990 reveló una dimensión distinta del trabajo folclórico. Al interactuar con delegaciones de otros pueblos del Caribe, el artista comprendió que no estaban representando únicamente a una universidad o a un grupo de danza, sino una forma de entender la identidad dominicana. Cada baile, ritmo y vestuario comunicaban aspectos profundos de la nación antes de que se pronunciara una palabra, imponiendo una responsabilidad ética: comprender antes de interpretar y respetar antes de exhibir.

Con el tiempo, se hizo evidente la diferencia entre el folclore auténtico y su caricatura. El primero exige curiosidad, estudio y humildad; la segunda se limita a la superficie, como ocurre en algunas presentaciones diseñadas únicamente para entretener a turistas. Figuras como Fradique Lizardo, quien dedicó su vida a documentar tradiciones consideradas irrelevantes; Dagoberto Tejeda, quien prolongó ese esfuerzo desde la antropología; Rita Borges, quien transformó clases de danza en lecciones de historia; y Luis "Terror" Días, quien encontró en las raíces una fuente para crear música profundamente dominicana, ejemplifican este enfoque.

Otros gestores culturales, como Roldán Mármol, demostraron que expresiones como el carnaval no pueden reducirse a desfiles de disfraces o atracciones turísticas. Detrás de cada personaje, máscara y comparsa sobreviven siglos de memoria, crítica social, religiosidad popular e imaginación colectiva. Todos ellos, desde caminos distintos, coincidieron en una verdad fundamental: el folclore no consiste en conservar piezas de museo, sino en comprender a la sociedad que las produjo.

El reconocimiento internacional a expresiones dominicanas ha contrastado con debates locales sobre su valor. La artista Enerolisa Núñez recibió elogios de la revista Rolling Stone, generando satisfacción por el merecido reconocimiento, pero también desconcierto por la necesidad de validación externa. Asimismo, la UNESCO ha reconocido expresiones como los Congos del Espíritu Santo de Villa Mella, los Guloyas de San Pedro de Macorís, el merengue, la bachata y la tradición del casabe.

Recientemente, declaraciones erróneas del ministro de Cultura sobre el gagá generaron polémica. Aunque es comprensible que ningún funcionario conozca todas las manifestaciones culturales, lo preocupante fue el mensaje subyacente que parecía exigir justificación a ciertas expresiones para ser aceptadas como parte del patrimonio nacional. Este enfoque ignora un hecho elemental: la cultura dominicana es el resultado de encuentros, migraciones, intercambios, conflictos, resistencias y mezclas que produjeron una identidad singular, donde el gagá, los palos, las salves, los congos, los guloyas, el carabiné, el merengue y la bachata son componentes legítimos e históricos.

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Sobre el autor

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

Apasionada del deporte dominicano. Cubre béisbol de Grandes Ligas, baloncesto y eventos deportivos nacionales. Comunicadora social de PUCMM.

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