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El Finetazo transforma espacios públicos en pistas de baile gratuitas

El Finetazo transforma plazas de Santo Domingo en pistas de baile gratuitas, recuperando el uso comunitario de espacios públicos y fortaleciendo la identidad cultural a través del merengue, la bachata y la salsa.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

lunes, 3 de agosto de 20263 min de lectura

El Finetazo ha convertido plazas y espacios públicos de Santo Domingo en pistas de baile abiertas y gratuitas, permitiendo que ciudadanos de todos los estratos sociales disfruten de la música y el baile caribeño sin barreras económicas ni de acceso. Esta iniciativa, nacida como un proyecto de músicos de Fineta Records, busca recuperar el uso comunitario de espacios que, según expertos, han sido diseñados más para el tránsito que para la convivencia.

El baile ha sido parte fundamental de la identidad dominicana desde sus raíces taínas y africanas, donde el areito y las tradiciones traídas por pueblos esclavizados se fusionaron con influencias europeas para dar origen al merengue, la bachata y la salsa. Estas expresiones no solo son artísticas, sino formas históricas de construcción de comunidad y transmisión cultural.

Sin embargo, el crecimiento urbano ha relegado estas prácticas a espacios privados como bares y discotecas, donde el acceso está condicionado al consumo o a ciertos códigos de apariencia. Este fenómeno, estudiado por sociólogos y antropólogos, contribuye al aislamiento social y afecta el bienestar emocional de muchos ciudadanos, especialmente en entornos donde la arquitectura y el clima dificultan el encuentro espontáneo.

El Finetazo interviene directamente en esta dinámica al tomar lugares como la Plaza de España en la Zona Colonial y la Bolita del Mundo en el Centro de los Héroes y transformarlos en espacios de baile libre y abierto al público. Allí, hombres, mujeres, niños y niñas pueden bailar, conversar o simplemente observar, sin presión de gasto ni de rendimiento.

Más que un evento de entretenimiento, el Finetazo responde a una necesidad humana de conexión. Como señala la teoría del antropólogo francés Marc Augé, muchos espacios urbanos actuales son “no lugares”: homogéneos, transitorios y carentes de identidad porque no fueron diseñados para la interacción humana significativa. Al llenar estos espacios con música, movimiento y encuentro, el Finetazo les devuelve sentido y memoria colectiva.

El impacto va más allá del baile: personas que asisten solo para sentarse y conversar también encuentran en el evento un espacio de pertenencia. Esto refuerza la idea de que los espacios públicos ganan identidad no por su diseño, sino por las actividades y relaciones que en ellos se generan.

Al priorizar el acceso libre y la participación inclusiva, el Finetazo desafía la noción de que el disfrute cultural debe estar mediado por el consumo. En su lugar, propone un modelo donde la plaza, la calle o el parque vuelvan a ser escenarios naturales de la vida comunitaria, tal como lo fueron en las raíces de la cultura dominicana.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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