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El Divino Niño: Devoción religiosa y compromiso social con la infancia vulnerable

El libro 'El culto al Divino Niño' vincula la devoción religiosa con el compromiso social frente al sufrimiento infantil en guerras, hambre y desplazamientos en Sudán, Gaza y Ucrania.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

sábado, 17 de octubre de 20263 min de lectura
El Divino Niño: Devoción religiosa y compromiso social con la infancia vulnerable
El Divino Niño: Devoción religiosa y compromiso social con la infancia vulnerable

El libro 'El culto al Divino Niño', escrito por el fraile dominico Aridio Castro Tejada, O. P., presenta una reinterpretación contemporánea de una devoción católica tradicional, vinculando la veneración de Jesús niño con la responsabilidad social frente a la situación de millones de niños en riesgo en el mundo.

Aunque el título podría sugerir un enfoque exclusivamente devocional, la obra va más allá al conectar la tradición religiosa con el compromiso por la infancia vulnerable. Castro Tejada, sin renunciar a la dimensión espiritual de la devoción, establece un puente entre la fe y la acción humanitaria, señalando que la contemplación del Divino Niño debe traducirse en atención concreta a los niños que sufren guerras, hambre, enfermedades y desplazamientos forzados.

El mensaje central del libro invita a que la fe no se quede en la oración o el templo, sino que se proyecte hacia la realidad de los niños cuya infancia ha sido interrumpida por la violencia y la indiferencia. Esta perspectiva transforma la devoción de una práctica ritual en una llamada ética y humanista para reconocer el sufrimiento infantil y asumir una responsabilidad cristiana y humana frente a él.

El autor ilustra esta conexión con ejemplos concretos de crisis actuales. En Sudán, la guerra civil entre fuerzas militares rivales ha provocado un colapso humanitario donde los niños enfrentan violencia, hambre, enfermedades prevenibles y desplazamientos masivos. En la página 87, el libro destaca cómo esta situación destruye las posibilidades de desarrollo, seguridad y bienestar de la infancia.

Otro caso mencionado es Gaza, donde cada escalada bélica resulta en la muerte de cientos de menores, muchos sin acceso a refugios, medicamentos ni agua potable. El autor cuestiona cualquier justificación política o militar ante las imágenes de niños atrapados bajo escombros o afectados emocionalmente de forma permanente.

La reflexión se extiende a Ucrania, donde miles de niños han sido separados de sus familias, desplazados, heridos o expuestos a situaciones de extrema vulnerabilidad debido a la guerra. Según el texto (pág. 87), escuelas, hospitales y edificios residenciales han sufrido ataques, mientras la infancia transcurre entre sirenas de alarma y refugios subterráneos.

En una cita destacada (pág. 85), Castro Tejada afirma:

«En todos estos casos, la infancia deja de ser un horizonte de futuro y se convierte en campo de batalla. El sufrimiento infantil no es un fenómeno marginal ni excepcional; ha acompañado a la humanidad como una sombra persistente».

Esta reflexión marca un desplazamiento del libro desde el territorio de la devoción pura hacia el de la conciencia social. El Divino Niño deja de ser únicamente un objeto de veneración para convertirse también en un símbolo que invita a reconocer la dignidad de los niños de hoy, especialmente aquellos cuya infancia ha sido interrumpida por la violencia y la exclusión.

La propuesta resulta relevante porque establece una correspondencia entre el significado espiritual de la infancia de Jesús y la responsabilidad contemporánea de proteger a los menores. Desde esta perspectiva, la fe no se agota en la oración o la contemplación de una imagen: exige sensibilidad ante el dolor ajeno y disposición para actuar en favor de quienes necesitan protección.

Finalmente, el texto recuerda que la devoción al Divino Niño Jesús ocupa un lugar significativo en la religiosidad popular católica, representando valores como la humildad, la ternura, la confianza en Dios y la esperanza. Para millones de creyentes, su imagen es un símbolo de protección espiritual y consuelo. Pero, en su sentido más profundo, invita a imitar la confianza y sencillez de un niño ante Dios, traduciendo el amor divino en acciones de solidaridad, servicio y caridad hacia los más vulnerables.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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