El banana split: un clásico de las heladerías que celebra su día el 25 de agosto
El banana split, postre tradicional con plátano, tres bolas de helado y coberturas, se celebra cada 25 de agosto como símbolo de generaciones que vivieron la heladería como espacio social.
Ana María Guzmán
Editora de Salud

El banana split es un postre icónico que marcó la infancia y juventud de varias generaciones, especialmente durante las décadas de los años 70 y 80, cuando visitar una heladería representaba mucho más que consumir un dulce: era un acontecimiento social y familiar.
Su presentación tradicional incluye un plátano maduro partido longitudinalmente, entre cuyas mitades se colocan tres bolas de helado —usualmente de vainilla, chocolate y fresa—, bañadas con siropes de diversos sabores, crema batida, frutos secos y una cereza en la cima, cuyo nombre proviene precisamente del término inglés split, que hace referencia al plátano dividido.
Originario de Estados Unidos a principios del siglo XX, el banana split se popularizó en fuentes de soda y heladerías, convirtiéndose en un símbolo de la cultura de los postres compartidos. Con el tiempo surgieron variantes con frutas, galletas y chocolates, pero se mantuvo la esencia visual del plátano abrazando las bolas de helado.
Cada 25 de agosto se celebra de manera informal el Día del Banana Split, una fecha que invita a recuperar este postre emblemático, hoy desplazado en parte por propuestas más innovadoras y diseñadas para el consumo visual en redes sociales.
En República Dominicana, las heladerías fueron centros de encuentro social durante décadas. Marcas como Capri, Bodden, Noris, Pinocho, Hatuey y posteriormente Helados Bon y Nevada formaron parte del tejido urbano y generacional. Según un anuncio publicitario de Heladerías Capri de 1978, reproducido en un estudio de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el establecimiento en Santiago era descrito como un punto de reunión para jóvenes en los años 70.
En Santo Domingo, grupos de profesores y amigos se reunían desde 1971 o 1972 en Capri, formando lo que se conoció como los “comehelados de los Capri”, según la crónica del historiador José del Castillo Pichardo, quien también menciona visitas a otras heladerías emblemáticas como Bar América, Los Imperiales y Helados Rex.
Estos locales no solo ofrecían postres, sino que funcionaban como espacios de sociabilidad: ir a comer helado era una forma de socializar, salir en familia, encontrarse con amigos o incluso vivir las primeras citas. En ese contexto, el banana split representaba más que un postre: era un ritual.
Hoy, la experiencia en las heladerías ha cambiado: las combinaciones son más variadas y la apariencia del postre ha ganado importancia por su desempeño en plataformas digitales. No obstante, para muchos, volver a ver un banana split sobre la mesa evoca recuerdos de infancia y momentos compartidos.
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Ana María Guzmán
Editora de Salud
Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.
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