Salud

El 78% de las personas con obesidad sufre estrés postraumático por estigma social

El 78% de las personas con obesidad sufre estrés postraumático por estigma social, según expertos. La obesidad no es cuestión de voluntad, sino de biología y entorno.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

viernes, 25 de septiembre de 20263 min de lectura
El 78% de las personas con obesidad sufre estrés postraumático por estigma social
El 78% de las personas con obesidad sufre estrés postraumático por estigma social

El 78% de las personas que viven con obesidad reporta sufrir estrés postraumático derivado del estigma social asociado a su condición, según el nutricionista clínico Marc Caballero Bartolí del Hospital Clínic de Barcelona. Este dato, respaldado por evidencia científica, revela que la discriminación por peso no es una percepción subjetiva, sino una barrera sistémica que afecta la salud mental, el acceso a la atención médica y los derechos humanos de más de 1.900 millones de adultos en todo el mundo.

El estigma de la obesidad se asocia con un riesgo un 32% mayor de desarrollar depresión y ansiedad, y actúa como un estresor crónico que eleva los niveles de cortisol y desencadena inflamación sistémica, aumentando el riesgo de mortalidad por causas cardiovasculares, independientemente del IMC. Además, el 74% de los pacientes ha reportado sentirse maltratado por profesionales sanitarios, quienes a menudo sostienen sesgos negativos, viendo a los pacientes como perezosos o incumplidores, lo que lleva a evitar o retrasar consultas médicas por miedo al juicio.

La obesidad no es una cuestión de voluntad: la ciencia lo demuestra

Uno de los errores más extendidos es reducir la obesidad a una falta de «fuerza de voluntad». Sin embargo, la evidencia científica muestra que el peso está determinado principalmente por factores físicos y bioquímicos, fuera del control consciente. Los genes relacionados con la ingesta alimentaria se expresan en el hipotálamo, regulando el apetito y la saciedad de forma automática, como la respiración. Cuando el cerebro no recibe la señal de leptina —hormona de la saciedad—, se genera un estado de hambre biológica real, no una falla de carácter.

Además, la biología humana está diseñada para almacenar grasa como ventaja evolutiva en tiempos de escasez. En el entorno actual, con abundancia de alimentos ultraprocesados y baja actividad física, este mecanismo se vuelve contraproducente. Cuando una persona intenta perder peso mediante dietas restrictivas, el organismo activa una respuesta biológica compensatoria: aumenta las señales de hambre y disminuye el metabolismo para defender las reservas de energía, lo que puede persistir años y explicar por qué el recuperación de peso es la norma biológica, no un «fracaso» personal.

Cambiar el lenguaje para cambiar la atención

Eliminar el estigma requiere una reconfiguración de la narrativa científica y pública. Organismos como la Federación Mundial de la Obesidad (WOF) y expertos internacionales, incluido el consenso publicado en Nature Medicine en 2020, advierten que las personas con obesidad son vulneradas en el trabajo, la educación y la salud debido al mito infundado de que su peso deriva de falta de autodisciplina. Cambiar el lenguaje no es solo una cuestión de corrección: es un paso esencial para reducir el estrés crónico, mejorar el acceso a la atención y garantizar un trato digno y equitativo.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.