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Dos jóvenes italianos cruzan el Atlántico en coches flotantes para cumplir el sueño de su padre moribundo

Dos jóvenes italianos cruzaron el Atlántico en coches flotantes en 1999 para cumplir el último sueño de su padre moribundo, Giorgio Amoretti, aventurero y activista social.

Francisco Herrera

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

lunes, 27 de julio de 20264 min de lectura

El 17 de agosto de 1999, un petrolero en el océano Atlántico, a 1.200 km de Barbados, avistó una escena inusual: dos coches a la deriva, un Volkswagen Passat y un Ford Taunus, con dos jóvenes italianos sentados encima.

Marco Amoretti, de 23 años, y Marco de Candia, de 21, habían partido de La Palma, en las Islas Canarias, casi cuatro meses antes, el 4 de mayo de 1999. Su travesía tenía un propósito profundamente personal: cumplir el último sueño de Giorgio Amoretti, padre de Marco, quien estaba muriendo de cáncer.

El legado de un aventurero

Giorgio Amoretti, aventurero y fotoperiodista, había ganado notoriedad por sus viajes extravagantes, como cruzar el Sáhara en un paracaídas remolcado por un coche, apareciendo en revistas internacionales. A Marco, de niño, su padre parecía un superhéroe.

Además de sus hazañas, Giorgio era conocido por sus opiniones radicales: educó a sus seis hijos en casa, luchó por el reconocimiento oficial del rol de amo de casa y defendía que el Estado pagara a las madres por quedarse en casa. Utilizó la atención mediática de sus aventuras para promover este activismo social.

Durante años, Giorgio trabajó en adaptar un coche de segunda mano para hacerlo navegable, con el objetivo de cruzar el Atlántico en un coche flotante como campaña a favor de la remuneración de las madres que se quedan en casa. Intentó lanzar el vehículo desde las Islas Canarias en 1978, pero las autoridades se lo impidieron. En 1988, navegó por el Canal del Midi en Francia, pero el cruce transatlántico permaneció como su sueño definitivo.

La travesía

Tras el diagnóstico de cáncer a Giorgio en noviembre de 1998, con solo unos meses de vida, sus hijos Marco, Mauro y Fabio decidieron hacer realidad su proyecto. Prepararon dos coches de segunda mano, añadiéndoles quillas metálicas, mástiles y un teléfono satelital alimentado con energía solar. Para evitar problemas legales, camuflaron las modificaciones lo mejor que pudieron.

En Las Canarias, rellenaron los coches con espuma de poliuretano expansiva para que flotaran, y les agregaron comida, agua y un bote con una tienda de campaña en el techo para dormir. Aunque Giorgio esperaba acompañarlos, su empeoramiento de salud lo llevó a ceder su lugar a Marco De Candia, un amigo de la familia que había ayudado en los preparativos.

Los cuatro aventureros lanzaron los coches desde el Faro de Fuencaliente, en el extremo sur de La Palma, usando pequeños motores fuera borda para llegar a aguas internacionales. Una vez agotado el combustible, dependieron del viento y la corriente.

La primera noche estuvieron llenos de esperanza, pero los coches dieron vueltas en círculos durante 11 días. Mareados y agotados, Fabio y Mauro fueron rescatados en helicóptero. Los dos Marcos continuaron el viaje, cada uno en su propio coche.

Tras izar los mástiles para aprovechar el viento, lograron avanzar. Durante el primer mes, enfrentaron el sol, la sal, el movimiento constante y el ruido. Los cables que unían los vehículos se rompían frecuentemente y tenían que volver a fijarlos. Con el tiempo, como relató De Candia, dejaron de ver al mar como un adversario y se sintieron parte de él.

Pasaban los días reparando, pescando, cocinando, escuchando música y escribiendo en sus diarios. Incluso probaron técnicas de supervivencia enseñadas por Giorgio, como pescar plancton usando medias de mujer para obtener vitamina C.

"Al llegar al segundo mes, el mar ya no nos parecía un adversario contra el que tuviéramos que luchar. Entramos en otra dimensión y nos convertimos en parte de un mundo hecho de agua", afirmó Marco de Candia.

El viaje se convirtió en un homenaje vivo al espíritu aventurero y al compromiso social de Giorgio Amoretti, cuyo sueño de cruzar el Atlántico en un coche flotante se hizo realidad gracias al coraje y la determinación de sus hijos.

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Sobre el autor

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

Periodista investigativo con enfoque en transparencia gubernamental y casos de corrupción. Premio Nacional de Periodismo 2022.

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