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Dos historias de resistencia y vida que convergen en un hogar de ancianos

Dos hombres de 75 y 88 años, con historias de resistencia laboral y política, comparten vida en un hogar de ancianos en República Dominicana, donde mantienen rutinas activas pese a la edad y las dificultades físicas.

Lucía Fernández

Lucía Fernández

Editora de Cultura

sábado, 10 de octubre de 20263 min de lectura
Dos historias de resistencia y vida que convergen en un hogar de ancianos
Dos historias de resistencia y vida que convergen en un hogar de ancianos

Francisco Veloz Burgos, de 88 años, y Antonio Rodríguez, de 75, comparten hoy sus días en el Hogar de Ancianos San Francisco de Asís en República Dominicana, donde sus trayectorias de vida, marcadas por el esfuerzo, la resistencia y el trabajo, se entrelazan en una etapa de reflexión y compañía.

Rodríguez llegó al país desde Cuba a los 14 años, junto a su padre, un ingeniero químico que laboraba en los ingenios durante el régimen de Rafael Leónidas Trujillo y enseñaba química en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Tras abandonar sus estudios en Ciencias Políticas en el octavo semestre debido a los disturbios políticos del gobierno de Joaquín Balaguer, relató cómo los militares irrumpían en las aulas para detener a los estudiantes. Para evadir su identificación, usó una peluca y camisas prestadas por una amiga, las cual guardaba en su mochila y cambiaba al entrar a la universidad.

"Una amiga me regaló una peluca y dos poloches o camisas; lo entraba en la mochila y cuando entraba, me ponía la peluca para evadir un poco, pero igual me llegaron a agarrar algunas tres o cuatro veces"

Tras dejar la universidad, Rodríguez se dedicó a la ebanistería y, con el tiempo, encontró en la lectura y la convivencia una forma de mantenerse activo. Actualmente, lee a autores como Gabriel García Márquez y Isabel Allende, juega ajedrez y conversa con otros residentes. Llegó al hogar a los 69 años, tras vivir solo y enfrentar dificultades económicas. Una amiga lo recomendó al centro, donde recibe alimentación, medicación y compañía. Actualmente, padece artritis y una desviación del fémur que le dificultan la movilidad, por lo que requiere un andador. Cada mañana debe estirar sus piernas entre 10 y 15 minutos antes de levantarse y tomar medicación para controlar el dolor.

Tiene un hijo que estudia medicina en España y deja como mensaje a las nuevas generaciones: "Todo el mundo tiene un futuro en la vida. Ahora, los que tienen que aprender a usarlo".

Por su parte, Francisco Veloz Burgos, ingeniero electricista, trabajó en cerca de 40 países, ofreciendo sus servicios a fábricas molineras de trigo. Su vida laboral terminó tras sufrir una fractura en la espalda. Llegó al hogar hace 12 años, por recomendación de su hermano gemelo, Ercilio, quien consideró que necesitaba compañía y atención adecuada tras su lesión. A sus 88 años, se mueve en silla de ruedas, pero mantiene una rutina activa: se levanta entre las 5:00 y 5:30 a.m., hace una oración, recorre el hogar, asiste a la iglesia y permanece en la marquesina hasta las 11:00 a.m. Además, colabora en el área de lavado, trasladando ropa limpia a pacientes del área de psiquiatría usando sus pies para mover la silla de ruedas.

"Y que todavía me siento con los 88 años que tengo de edad, me siento en buen estado. Porque hay personas que tienen 40 años y ya no pueden caminar. Yo no"

Veloz Burgos tiene cuatro hijos: dos hijas en el extranjero y dos varones en República Dominicana que lo visitan mensualmente. En el hogar, su rutina refleja su deseo de conservar la independencia y encontrar sentido en cada día, pese a las limitaciones físicas.

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Lucía Fernández
Sobre el autor

Lucía Fernández

Editora de Cultura

Crítica cultural y escritora. Especializada en arte, música y entretenimiento dominicano. Columnista con 10 años en medios nacionales.