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La dominicanidad como proceso inacabado: identidad nacional en construcción

La dominicanidad se entiende como un proceso histórico y cultural en permanente construcción, no como una identidad fija o esencialista.

José Luis Cabrera

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

domingo, 16 de agosto de 20264 min de lectura
La dominicanidad como proceso inacabado: identidad nacional en construcción
La dominicanidad como proceso inacabado: identidad nacional en construcción

La pregunta por la dominicanidad vuelve una y otra vez al centro del debate intelectual en República Dominicana, impulsada por los profundos cambios sociales, culturales y políticos que atraviesa la sociedad contemporánea. ¿Qué significa ser dominicano hoy? ¿De qué raíces procede nuestra identidad y qué elementos de nuestra historia hemos incorporado o silenciado? Estas interrogantes trascienden el ámbito académico para convertirse en una reflexión esencial sobre el país que estamos construyendo y el legado que dejaremos a las generaciones futuras.

En este contexto, las reflexiones de Julio Cuevas y Manuel Matos Moquete adquieren especial relevancia, al proponer una comprensión de la dominicanidad no como una esencia fija, sino como un proceso histórico, cultural, político y ético en permanente construcción. Desde esta perspectiva, la identidad nacional se concibe como una obra abierta, en la que cada generación incorpora nuevas preguntas, experiencias y formas de interpretar el pasado y proyectar el futuro.

Durante gran parte del pensamiento dominicano, la búsqueda de una definición de lo dominicano estuvo marcada por enfoques esencialistas, que pretendían establecer una imagen aparentemente definitiva de quiénes somos y, en ocasiones, quiénes no somos. Sin embargo, esta rigidez identitaria puede generar una paradoja: mientras más cerrada se vuelve una identidad, menor es su capacidad para explicar la complejidad real de una sociedad diversa y en constante transformación.

La nación, lejos de ser una pieza arqueológica, es una construcción histórica cuyos símbolos, valores, relatos y memorias se transforman con el tiempo. Asimismo, cambian las preguntas que cada generación formula acerca de su pasado. Por ello, pensar la dominicanidad en el presente exige superar la tentación de convertirla en una definición cerrada y comprenderla como una experiencia colectiva en permanente proceso de elaboración.

Una de las categorías más sugerentes en el pensamiento de Cuevas y Matos Moquete es la del cimarronaje, históricamente asociado a la resistencia de los esclavizados que escapaban de los espacios de dominación. Este concepto ha adquirido una dimensión cultural y filosófica mucho más amplia: ya no se limita a una fuga física, sino que representa la voluntad de romper con cualquier estructura que reduzca al ser humano a la obediencia, el silencio o la subordinación.

El cimarronaje se convierte así en una ética de la libertad, que puede manifestarse en la educación que enseña a pensar críticamente, en la literatura que cuestiona los relatos establecidos, en el arte que desafía los cánones, en la memoria que recupera lo olvidado y en la ciudadanía que se resiste a aceptar como natural cualquier forma de dominación. Desde esta perspectiva, el cimarronaje permite pensar la dominicanidad como una ontología de lo inacabado: ser dominicano no consistiría en repetir una identidad heredada, sino en tener la capacidad de recrearla frente a las circunstancias históricas.

Esta reflexión puede profundizarse mediante el diálogo con Frantz Fanon, cuyo análisis del colonialismo revela que su poder no se limita a la ocupación territorial o la explotación económica, sino que alcanza la conciencia del colonizado. En Piel negra, máscaras blancas, Fanon muestra cómo el sujeto colonizado puede interiorizar la mirada del dominador, experimentando alienación, devaluación de su propia cultura y búsqueda de reconocimiento mediante la imitación de los modelos impuestos.

Para Fanon, la liberación no puede reducirse a un acontecimiento político o militar: la descolonización implica también una reconstrucción del sujeto, una recuperación de su dignidad y de su capacidad para afirmarse y producir una imagen propia de sí mismo y de su mundo. Aunque la experiencia dominicana no es idéntica a la situación colonial analizada por Fanon, su marco teórico ofrece una herramienta crítica valiosa para examinar cómo ciertas sociedades pueden interiorizar modelos, valores y representaciones provenientes de relaciones históricas de poder, incluso cuando la dominación no se manifiesta de forma visible.

En este sentido, la dominación puede sobrevivir en los criterios con los que valoramos nuestra cultura, nuestra historia y nuestro lugar en el mundo. Pensar la dominicanidad hoy, entonces, no es buscar una definición definitiva, sino fomentar un diálogo permanente sobre quiénes somos, quiénes queremos ser y qué tipo de nación queremos construir.

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José Luis Cabrera
Sobre el autor

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

Periodista con experiencia en coberturas internacionales. Ex corresponsal en Washington D.C. y Nueva York para medios latinoamericanos.

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