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Cuba enfrenta crisis alimentaria: comedores religiosos y estatales intentan mitigar el hambre

En La Habana, adultos mayores como Sista Cabrera dependen de comedores religiosos y estatales para sobrevivir ante la agudización de la crisis alimentaria en Cuba.

Miguel Ángel Pérez

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

jueves, 15 de octubre de 20263 min de lectura

Sista Cabrera, de 71 años, almuerza los martes, miércoles y jueves en La Hermana Cazuela, un comedor beneficiente organizado por la iglesia católica de San Francisco el Nuevo en el centro histórico de La Habana. Esta iniciativa, activa desde junio, brinda alimentación a personas en situación de vulnerabilidad, principalmente gracias a donaciones del exterior y el apoyo de la parroquia.

Según Maykel González, coordinador del proyecto desde febrero, el objetivo inicial era repartir desayunos, pero se amplió a almuerzos para acompañar a personas sin techo y adultos mayores en condiciones de alta vulnerabilidad. Betzabé Bertot, colaboradora del proyecto y feligrés de la parroquia, explicó que la iniciativa surgió al observar a personas comiendo de la basura debido a la falta de alimentos.

Cabrera, quien antes administraba una cafetería que le permitía ser caritativa, hoy depende de estos comedores para sobrevivir. Tras un derrumbe en su edificio en 2019 que destruyó la mitad de su apartamento y su fuente de ingresos, intentó reabrir su negocio en 2022 tras el control de la pandemia de covid-19, pero las autoridades se lo impidieron por riesgo estructural, pese a que ella y otros vecinos siguen habitando el lugar.

Además de La Hermana Cazuela, Cabrera alterna su alimentación con comedores sociales estatales y de iglesias evangélicas. Está inscrita desde hace dos años en un comedor del Sistema de Atención a las Familias (SAF), creado hace 30 años durante la crisis de los años 90. El SAF gestiona más de 4400 unidades gastronómicas y brinda tres comidas diarias subsidiadas a más de 66 000 personas en situación de vulnerabilidad, a un costo de menos de un centavo de dólar por ración.

Sin embargo, la pensión mensual de Cabrera por seguridad social —casi cinco dólares, de los cuales uno se destina al pago del SAF— no le permite acceder al mercado, donde un litro de aceite vegetal puede absorber sus ingresos completos. Aunque las raciones del SAF han sido cuestionadas por su calidad nutritiva y sabor, representan un apoyo esencial para miles de cubanos.

Betzabé Bertot admitted que uno de los aspectos más difíciles del trabajo es tener que limitar las raciones: "Decirle a una persona con hambre que no podemos darle nada es la parte más difícil". Por su parte, Maykel González reconoció que las soluciones de grupos pequeños son inherentemente limitadas: "Jamás tendremos comida aquí para darle a todas las personas que lleguen a la puerta de la iglesia".

La crisis alimentaria en Cuba se ha agravado por el bloqueo petrolero y las sanciones financieras de Estados Unidos, que han colapsado la economía nacional y debilitado los programas de protección social del Estado. En este contexto, las iniciativas religiosas y comunitarias juegan un papel clave en la contención del hambre, aunque su alcance sigue siendo insuficiente frente a la creciente demanda.

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Miguel Ángel Pérez
Sobre el autor

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.

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