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La Cordillera Septentrional: clave para la seguridad hídrica y ambiental de República Dominicana

La Cordillera Septentrional es esencial para la seguridad hídrica y climática de República Dominicana, y su protección es clave para evitar daños ambientales irreversibles causados por la minería a cielo abierto.

Lucía Fernández

Lucía Fernández

Editora de Cultura

miércoles, 15 de julio de 20262 min de lectura

La Cordillera Septentrional representa un ecosistema vital para la seguridad hídrica y climática de República Dominicana y la isla La Hispaniola, según explicaciones proporcionadas en un consultorio ecológico. Su función principal radica en actuar como precinto de seguridad para el clima y la hidrología nacional, gracias a su rol insustituible en la precondensación de la humedad que sustenta los ecosistemas insulares.

El agua constituye el primer indicador de soberanía hídrica de la naturaleza, marcando el norte de los ecosistemas y garantizando un desarrollo sostenible mediante su dinámica multifuncional. Esta cuenca hidrográfica irriga territorios estratégicos como la Llanura Costera Atlántica, el Valle del Cibao, la Columna Vertebral de Quisqueya y los valles de San Juan, Macacías, Neiba y Artibonito, cuyo flujo final se dirige hacia el Golfo de Gonaives.

La continuidad funcional de los sistemas montañosos, su cobertura vegetal y su estructura sinuosa son determinantes para mantener la conectividad entre riqueza natural y bienestar humano. Cualquier interrupción en este equilibrio, particularmente por actividades extractivas, pone en riesgo la resiliencia ambiental y social de las regiones dependientes.

Los impactos de la minería a cielo abierto han dejado huellas indelebles en la Cordillera Septentrional, cuyos efectos negativos recaen directamente sobre las comunidades humanas. Se citan como ejemplos representativos la explotación de bauxita en Pedernales (Las Mercedes – Aceitillar), específicamente en las Lomas La Peguera y Frasier; la extracción de ferroníquel; el procesamiento de oro en Pueblo Viejo; y la extracción de calizas en el área de Pomier, actividades que han operado durante casi medio siglo.

Aunque estas operaciones generaron ingresos económicos significativos en su momento, se cuestiona el costo real de dicha riqueza, descrita como efímera. Los legados dejados incluyen contaminación por sulfuros, emisión de polvo, empobrecimiento local y degradación paisajística, contrastando con la promesa de desarrollo sostenible.

Solo la preservación del verde de las montañas puede integrar porvenir, bienestar y desarrollo en un solo concepto: resiliencia. Este enfoque subraya que la protección ambiental no es un obstáculo al progreso, sino su condición fundamental para garantizar un futuro equilibrado entre naturaleza y sociedad.

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Lucía Fernández
Sobre el autor

Lucía Fernández

Editora de Cultura

Crítica cultural y escritora. Especializada en arte, música y entretenimiento dominicano. Columnista con 10 años en medios nacionales.

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