Salud

Convulsiones febriles: riesgos reales del acetaminofén y recomendaciones médicas

Las convulsiones febriles no dañan el cerebro, pero el uso inadecuado de acetaminofén puede causar daño hepático. Médicos recomiendan calma, posición lateral y evaluación médica tras el episodio.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

lunes, 3 de agosto de 20263 min de lectura

Las convulsiones febriles no causan daño cerebral ni aumentan el riesgo de muerte, según explicó el doctor Eliezer Jiménez Puello, presidente de la Sociedad Dominicana de Emergenciología (SODOEM). El verdadero riesgo radica en la enfermedad subyacente que provoca la fiebre, especialmente cuando se trata de una infección grave.

Estos episodios, caracterizados por temblores, rigidez y pérdida momentánea del conocimiento, ocurren principalmente en niños entre 6 meses y 5 años de edad, con mayor incidencia entre los 12 y 18 meses. Aunque la fiebre es el desencadenante más común, otros factores como la predisposición genética, la edad y ciertas afecciones virales también influyen en su aparición.

En muchos casos, la convulsión se presenta al inicio de la fiebre, antes de que los padres perciban el aumento de temperatura. Esta situación genera altos niveles de estrés y angustia en los progenitores, lo que puede llevar a errores en la administración de medicamentos como el acetaminofén.

Aunque el acetaminofén es un antipirético seguro cuando se usa correctamente, la sobredosis puede causar intoxicación y daño hepático, poniendo en riesgo la vida del niño. El doctor Jiménez advirtió que la desesperación por controlar la fiebre puede influir en la administración incorrecta de dosis, que deben calcularse según el peso del infante.

Existe un fenómeno poco conocido pero relevante: la fiebre inducida por fármacos, en la cual el propio acetaminofén o paracetamol puede mantener o incluso provocar fiebre en lugar de reducirla. Aunque es una condición rara, debe considerarse cuando la fiebre persiste sin explicación clara tras descartar otras causas.

"Es importante evitar la automedicación y seguir siempre las indicaciones de un profesional de la salud", recomendó el doctor Jiménez.

Durante un episodio de convulsión, se recomienda no introducir objetos en la boca del niño, ni suministrar líquidos o alimentos sólidos. Asimismo, evitar sujetar o sacudir al infante, ya que estas acciones aumentan el riesgo de lesiones.

La actuación correcta consiste en: acuestar al niño de lado sobre una superficie segura, retirar objetos cercanos que puedan causar golpes, aflojar la ropa alrededor del cuello y observar la duración del episodio. Mantener la calma es fundamental para actuar de manera adecuada.

Aunque el episodio haya finalizado, el niño debe ser evaluado por un profesional de la salud para determinar la causa de la fiebre y descartar infecciones graves. Mientras se espera atención médica, colocar al niño en posición de recuperación (de lado) ayuda a mantener la vía aérea despejada y reduce el riesgo de aspiración de saliva o vómito.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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