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Concierto en el Félix Sánchez celebra la música dominicana con Ilegales, José Antonio Molina y Maridalia

El Félix Sánchez acogió una noche histórica de música dominicana con Ilegales, José Antonio Molina y Maridalia, celebrando identidad, tradición y fusión cultural.

José Luis Cabrera

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

viernes, 24 de julio de 20262 min de lectura

El estadio Félix Sánchez se convirtió en el epicentro de una celebración cultural durante la segunda tanda del espectáculo asociado a los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2023, donde se destacó la riqueza y diversidad de la música dominicana.

Ilegales abrió la jornada con energía y autenticidad, llevando al público a pie con su característico fusión de ritmos urbanos y callejeros que los ha posicionado como un referente de la música popular en República Dominicana. Su presentación marcó el inicio de una noche dedicada al reconocimiento de las raíces musicales del país.

Héctor Aníbal, Maffio y Vakeró tomaron el relevo, representando distintas generaciones del sonido urbano y tropical dominicano. Cada artista aportó su estilo único, tejiendo una cadena de ritmos que mantuvo al público en movimiento y reforzó el mensaje de que la nación no solo organiza eventos deportivos, sino que también sabe celebrar su identidad cultural.

El momento más emotivo llegó con la aparición de Miriam Cruz y Jandy Ventura, cuyas voces han definido décadas del merengue dominicano. Su presencia cambió el tono de la euforia juvenil a uno de reconocimiento, memoria y orgullo, mientras las gradas coreaban sus clásicos sin contención.

El giro más inesperado y aclamado de la noche fue dirigido por el Maestro José Antonio Molina, quien lideró una orquesta sinfónica que elevó el merengue a nuevas dimensiones. Con cuerdas, vientos y la voz de Heredi como ancla, el merengue tradicional se transformó en una experiencia sinfónica que demostró su dignidad artística frente a cualquier forma musical del mundo.

Maridalia Hernández cerró el espectáculo con una puesta en escena que coronó la noche. Su voz inconfundible, acompañada de bailarines contemporáneos y clásicos, ofreció una representación explícita del Caribe: su mezcla de herencias africana, europea e indígena, su movimiento y su riqueza cultural. Los bailarines simbolizaron el encuentro, el diálogo y la belleza compartida que los Juegos buscan fomentar entre naciones.

El evento fue posible gracias a la producción de Alberto Zayas, cuya visión logró transformar una presentación artística en una declaración cultural que resonó en todo el continente. La segunda tanda del espectáculo no solo entretenió, sino que reafirmó el lugar de la música dominicana como patrimonio vivo y en evolución.

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José Luis Cabrera
Sobre el autor

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

Periodista con experiencia en coberturas internacionales. Ex corresponsal en Washington D.C. y Nueva York para medios latinoamericanos.

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