Ciberdelincuentes usan tu número de teléfono como puerta de entrada a fraudes digitales
Los ciberdelincuentes usan tu número de teléfono como punto de partida para recopilar datos, engañar y tomar control de cuentas mediante SIM swapping y phishing, advierte ESET.
Ana María Guzmán
Editora de Salud

Conocer un número de teléfono no permite por sí solo acceder a un celular, WhatsApp o una cuenta bancaria, pero los ciberdelincuentes pueden utilizarlo como punto de partida para recopilar información personal, preparar engaños y intentar tomar el control de cuentas digitales, advierte David González, investigador de seguridad informática de ESET Latinoamérica.
Según el especialista, el número de teléfono es uno de los datos más cotidianos que las personas comparten al registrarse en servicios, realizar compras, solicitar entregas o completar formularios. Su estrecha relación con buena parte de la actividad digital lo ha convertido en un objetivo atractivo para los atacantes.
"La razón está en todo lo que puede existir detrás de esos dígitos", indica González. Un número puede estar asociado al correo electrónico, redes sociales, aplicaciones de mensajería y mecanismos utilizados para verificar la identidad o recuperar el acceso a diferentes cuentas.
Aunque tener el número no otorga acceso automático a la vida digital de su propietario, el verdadero riesgo aparece cuando el atacante lo usa para conseguir más información o ejecutar otros ataques. El investigador explica que, por sí solo, el número tiene capacidades limitadas, pero su vinculación con otros aspectos de la identidad digital puede convertirlo en una pieza inicial para diferentes modalidades de fraude.
Una de las primeras acciones que puede realizar un ciberdelincuente es tratar de descubrir a quién pertenece el número. Para ello, puede intentar relacionarlo con información disponible públicamente, como el nombre de la persona, perfiles de redes sociales, cuentas de mensajería o datos expuestos en filtraciones previas. Mientras más información reúna, mayores posibilidades tendrá de construir un engaño convincente.
"El peligro no necesariamente está en un dato aislado, sino en la posibilidad de combinar diferentes fragmentos de información hasta crear un perfil de la víctima", señala González. Conocer el nombre, teléfono y ciertos datos relacionados puede facilitar que un mensaje fraudulento parezca legítimo y genere confianza.
Una vez que tiene el número, el delincuente dispone de un canal directo para contactar a la víctima mediante llamadas, SMS, WhatsApp u otros servicios de mensajería. Puede recurrir a técnicas de ingeniería social para presentarse como alguien confiable: un banco, una empresa conocida, un servicio de entrega, personal de soporte técnico o incluso alguien relacionado con el entorno de la víctima.
"El propósito es provocar una reacción: conseguir una contraseña, un código de verificación, información personal o financiera, o convencer a la persona para que pulse un enlace malicioso"
Este tipo de fraude se apoya especialmente en la confianza y en la urgencia. Un mensaje puede advertir sobre un supuesto problema con una cuenta, una entrega pendiente o una situación que requiere una respuesta inmediata. Por eso, recibir un mensaje desde un número aparentemente normal o que incluya información real sobre nosotros no garantiza que quien está detrás sea legítimo.
El especialista destaca que uno de los riesgos más importantes aparece porque numerosos servicios utilizan el teléfono para verificar la identidad, iniciar sesión, recuperar contraseñas o enviar códigos de acceso. Un ejemplo frecuente es la llegada inesperada de un código de verificación de WhatsApp, seguido por un mensaje de alguien que dice haber introducido el número por equivocación y solicita que le reenvíen ese código.
"La aparente equivocación forma parte del engaño porque ese código fue generado porque alguien está intentando registrar o acceder a la cuenta vinculada al número", explica González. Entregarlo puede facilitar que el atacante complete el proceso y tome control de la cuenta. Por esa razón, aconseja tratar los códigos de verificación como una contraseña: no deben compartirse con nadie, aunque quien los solicite parezca tener una explicación convincente.
Además, González advierte sobre un escenario todavía más delicado: el intento de apropiarse directamente de la línea telefónica mediante SIM swapping. Esta técnica consiste en convencer al operador de telefonía de que quien realiza la solicitud es el verdadero titular de la línea, con el objetivo de transferir el número a otra tarjeta SIM.
Si el fraude tiene éxito, las llamadas y mensajes destinados al usuario original serán redirigidos al atacante, lo que le permitirá interceptar códigos de verificación y tomar el control de cuentas vinculadas al número.
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Ana María Guzmán
Editora de Salud
Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.
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