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Boca Chica pierde su esencia popular por altos precios y hostigamiento comercial

Boca Chica pierde su carácter de playa popular debido a altos precios en alimentos y bebidas, cobros por uso de mesas y baños, y hostigamiento constante de vendedores que alejan a las familias dominicanas.

José Luis Cabrera

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

viernes, 14 de agosto de 20263 min de lectura
Boca Chica pierde su esencia popular por altos precios y hostigamiento comercial
Boca Chica pierde su esencia popular por altos precios y hostigamiento comercial

Boca Chica, históricamente conocida como la playa del pueblo dominicano, enfrenta una transformación que aleja a las familias de su acceso tradicional debido al aumento significativo de precios y el constante hostigamiento de vendedores.

Durante décadas, esta localidad costera cercana a Santo Domingo fue el destino preferido de los dominicanos para pasar un día frente al mar sin erogar grandes sumas. Su proximidad a la capital, sus aguas tranquilas y poco profundas, y la posibilidad de llevar alimentos desde casa la convirtieron en el balneario más accesible del país.

Sin embargo, la situación actual presenta un panorama diferente. Al recorrer la arena, se observa una extensa ocupación por mesas, sillas y estructuras comerciales que reducen considerablemente el espacio libre para los bañistas que simplemente desean disfrutar del entorno natural.

Este cambio físico se combina con un acoso comercial persistente, donde vendedores ofrecen repetidamente alimentos, bebidas, masajes, artesanías, sombreros, cocos y otros productos cada pocos minutos, dificultando que los visitantes puedan descansar sin interrupciones.

Los costos asociados a consumir en los establecimientos de la playa han experimentado un aumento notable. Según un menú consultado por EL DÍA, un plato de langosta alcanza los RD$3,500, mientras que una parrillada mixta y un salpicón de mariscos para dos personas cuestan RD$3,200 cada uno. Una paella para dos se vende en RD$4,200.

Incluso opciones más sencillas reflejan este encarecimiento: un pescado al ajillo o a la criolla oscila entre RD$1,100 y RD$1,350, una sopa de mariscos tiene un valor de RD$1,800 y un plato de comida criolla se ofrece a RD$600.

En cuanto a bebidas, una cerveza Presidente grande se vende a RD$300, una Modelo grande a RD$350 y una botella pequeña de agua a RD$50. Los licores importados presentan precios elevados: un litro de whisky de marca reconocida supera los RD$2,000, llegando algunas etiquetas a más de RD$4,000.

A estos valores se les suma un 10 por ciento de propina obligatoria y un 18 por ciento de Itebis, aunque muchos comerciantes en casetas no emiten facturas con número de comprobante fiscal, lo que impide a los consumidores declarar estos gastos ante la Dirección General de Impuestos Internos (DGII).

El gasto no se limita a la consumición. Varios negocios cobran RD$1,500 por el uso de una mesa, aunque algunos exigen un consumo mínimo de RD$3,000 para exonerar dicho cargo; de no alcanzarse, el cliente debe pagar igualmente el alquiler. Además, el alquiler de una silla tipo 'chairlong' tiene un costo adicional de RD$600.

Fuera de los restaurantes, los gastos continúan acumulándose: un coco de agua se ofrece a RD$150, los dulces de coco y maní a RD$100, una libra de chicharrón alcanza los RD$600, una gorra cuesta RD$700, una toalla RD$1,000, un sombrero RD$500 y un protector para teléfono móvil RD$500. Un masaje en los pies se cotiza en RD$500.

Incluso servicios básicos tienen costo asociado: utilizar el baño implica un pago de RD$50 para orinar y RD$100 para defecar, mientras que el parqueo generalmente se cobra en RD$150 al momento de ingresar al área.

Estos factores han generado una creciente percepción entre los visitantes de que Boca Chica ha dejado de ser un destino accesible. Como expresó Rosangel Mateo, quien visitó la playa con su familia:

“Estos precios están por encima de cualquier restaurante caro de Santo Domingo. Venir a Boca Chica se ha vuelto un lujo”.

La combinación de altos costos, falta de espacio libre y presión comercial constante está modificando la esencia que durante décadas definió a este balneario: su condición de playa popular, accesible y tranquila para todas las familias dominicanas.

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Sobre el autor

José Luis Cabrera

Corresponsal Internacional

Periodista con experiencia en coberturas internacionales. Ex corresponsal en Washington D.C. y Nueva York para medios latinoamericanos.

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