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Ángel terreno: la poesía que explora el cuerpo, la ciudad y el deseo femenino

Ángel terreno, de Daniela Cruz Gil, explora el cuerpo femenino, la ciudad y el deseo mediante una poesía fragmentada que mezcla diario, vigilia y herencia surrealista.

Isabella Santos

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

domingo, 27 de septiembre de 20263 min de lectura

Ángel terreno, el nuevo libro de la poeta y periodista dominicana Daniela Cruz Gil, publicado por Huerga y Fierro Editores, se presenta como una obra fragmentada que combina poema en prosa, diario íntimo y vigilia escrita. Cada fragmento conserva su independencia, pero todos comparten una misma atmósfera de espera, deseo, miedo y soledad.

La voz narrativa del libro se define a sí misma como «esta vigilia fragmentada», en la que la autora recorre emociones complejas vinculadas a lo inalcanzable. Cruz Gil nació en Santiago en 1983 y, aunque su origen no explica directamente el libro, sí ayuda a comprender su relación con la ciudad y la vida cotidiana.

La ciudad de Santo Domingo no aparece como mero telón de fondo, sino como un personaje activo que se acerca y se aleja, seduce y expulsa. Referencias explícitas como la calle 30 de Marzo entran en la geografía sentimental del texto, donde la autora camina entre «los mismos huecos vacíos de promesa» y llega a «la misma esquina de dudosa reputación».

El cuerpo femenino es otro eje central: no contemplado desde la distancia, sino padecido, sudado, tembloroso. En el poema inicial, la voz confiesa sentir «un pavor oscuro de ser infantilmente mujer» y pregunta: «No sé qué soy. Una tumba de agua, pálpito de pez o una nube que llueve». Esta búsqueda de identidad se inscribe en una tradición de poesía escrita por mujeres, como Aída Cartagena Portalatín y su obra Una mujer está sola.

El agua aparece como elemento constituyente del cuerpo: la voz puede ser tumba, pez, nube, río, lluvia o mar. Sin embargo, en Cruz Gil el cuerpo está más nervioso y quebrado que en otras escrituras antillanas; la experiencia no se observa, se vive intensamente y se transforma en tinta.

El ángel terreno, figura central y evasiva, puede ser un hombre, un amante, una ausencia o una invención del deseo. Tiene alas y huesos, viene del cielo pero lleva tierra en las manos. La tensión principal del libro radica en el conflicto entre el deseo de elevarse y el peso del cuerpo: «Me da miedo volar», confiesa la voz, temiendo que le nazcan alas para luego desplumarse o que al ángel no le guste «el tono de mi vuelo».

Escribir se presenta como el primer intento de aprender a volar: «el don de las alas solo se me dio en las palabras y los sueños». El libro avanza, retrocede y vuelve sobre sus pasos, reflejando el trabajo de la memoria y el deseo. Cruz Gil baja imágenes surrealistas —tumbas de agua, ángeles desalados— a la vida diaria: sus ángeles toman café, cargan bolsos, se enferman y faltan algunos miércoles. Lo extraño sucede entre el tránsito, la humedad y los periódicos viejos.

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Isabella Santos
Sobre el autor

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

Apasionada del deporte dominicano. Cubre béisbol de Grandes Ligas, baloncesto y eventos deportivos nacionales. Comunicadora social de PUCMM.